Más culpables que inocentes (J.V. Aleixandre)
martes, 31 de enero del 2006 a las 13:29
En todo este culebrón, quienes han alcanzado un grado de desmesura equiparable a la del necio de la moneda son, por este orden, el propio Megía y el ínclito Lendoiro. El agresor del juez de banda nunca pudo suponer que su onanista desfogue podía alcanzar la repercusión que está teniendo, gracias a la desproporcionada y abusiva reacción del árbitro. Y, sin embargo, ahí tenemos a Megía, limpio de polvo y paja, pitando de nuevo, como si nada hubiera hecho. Ese corporativismo con el que el Comité de Árbitros protege a sus afiliados resulta escandaloso. Un juez que dicta una resolución, tan airada y estrepitosa, no puede salir de rositas, como si nada hubiera pasado. El gremialismo de los árbitros es su peor enemigo y les resta credibilidad entre los aficionados. Carlos Marchena, por su reprobable acción ante Arizmendi, ya ha sido justamente castigado. Por contra, la torpeza de Megía ha quedado impune.
No parece, en cambio, que el siguiente desmañado de esta historia, o sea, Lendoiro, salga con bien del fangal en el que se ha metido. Recurrir a la justicia ordinaria para dirimir pleitos deportivos ha sido, históricamente, una mala mala vía. Ni la FIFA,ni la UEFA, ni la FEF perdonan estas extravagancias. En este caso, además, Lendoiro no solo contraviene una norma no escrita, sino que tiene mucho que callar. Su argumentario moral se basa en la supuesta actitud incitadora a la violencia por parte de los responsables del VCF, con sus declaraciones. A parte de que eso no se sostiene, cuando hace un par de años Cañizares fue agredido en Riazor por un objeto lanzado desde la grada, el inefable presidente del Deportivo no sólo no condenó el acto, sino que tuvo la desfachatez de echarle la culpa a Cañete «por provocador», según argumentó entonces. Que este personaje tan turbio se presente ahora como abanderado del fair play, tiene bemoles.


